Un bar vende atmósfera por copas. La luz decide si el cliente pide otra – o se va al local de al lado.
Los bares viven en horas oscuras: la sala puede estar en penumbra, pero los rostros necesitan una luz suave y favorecedora, y la contrabarra debe brillar como una vitrina de joyas. Demasiada claridad mata la intimidad; demasiado poca hace trabajar a ciegas al personal e inquieta al cliente. En las zonas de ocio de Palma, donde el público va de local en local, una firma lumínica reconocible es el marketing más barato que existe.
Escenografiamos la contrabarra como corazón luminoso, mantenemos los asientos en charcos cálidos y bajos de luz, y guiamos al cliente con seguridad por barras, escalones y baños sin un solo punto deslumbrante. Las escenas evolucionan con la noche: aperitivo, hora punta, última ronda. Colgantes impresos en 3D a medida sobre la barra crean la imagen que los clientes fotografían y comparten.
La contrabarra como centro luminoso
Luz que favorece los rostros
Escenas del aperitivo a la última ronda
Luminarias fotogénicas a medida
Cuéntenos su concepto – le mostramos la luz que le corresponde.